-Muchas veces ¿no te gustaría viajar por todo el mundo? A mí, particularmente, me encantaría tener bránqueas y poder bajar al fondo del mar. Pordría buscar en el Titanic y ver peces de muchos colores (además te traería un pulpo de regalo). Londres, París, Madrid, Berlín....me conocería todas las capitales del mundo. A veces con el humo de mi cigarro, aunque sea con este cigarro mismo, puedo imaginarme que se hace como una pelota gigante y yo arriba caminando, como la canción de Doraemon. Sé que no sabes lo que es, te lo diré yo. Es el mundo Jaime, un mundo grande y yo encima investigando nuevos recovecos de él. ¿No te gustaría?
-No
-Qué soso eres chico
PD:Perdón si no puedo escribir en un tiempo. Es que el lunes me voy a Sevilla unos días con el colegio y como solo nos vamos unos cuantos de mi clase, tengo que hacer los examenes antes que los demás y necesito estudiar mucho. mucho
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11/3/10
28/2/10
-Te conozco mejor de lo que piensas
-Deslúmbrame
-Tienes más de veinte sonrisas distintas, pero la que más me gusta es la que utilizas conmigo. De lunes a sábado te gusta vestir con ropa oscura, sobre todo esa chaqueta vieja de cuero, pero el dómingo te pones la camiseta blanca que tanto me gusta, sólo para que te invite a casa. Al contrario que todo el mundo, tomas chocolate en verano en la única cafetería que te lo sirve, y en invierno te entretienes en la Fontana di Tevi comiéndote una a una las uvas de un racimo mientras te ríes de la gente ilusa que arroja sus monedas a la fuente. Y cuando se hace de noche....coges unas cuantas, como una buena ladrona ¿Me equivoco?
-Deslúmbrame
-Tienes más de veinte sonrisas distintas, pero la que más me gusta es la que utilizas conmigo. De lunes a sábado te gusta vestir con ropa oscura, sobre todo esa chaqueta vieja de cuero, pero el dómingo te pones la camiseta blanca que tanto me gusta, sólo para que te invite a casa. Al contrario que todo el mundo, tomas chocolate en verano en la única cafetería que te lo sirve, y en invierno te entretienes en la Fontana di Tevi comiéndote una a una las uvas de un racimo mientras te ríes de la gente ilusa que arroja sus monedas a la fuente. Y cuando se hace de noche....coges unas cuantas, como una buena ladrona ¿Me equivoco?
23/2/10
Fría. Ese era el mejor adjetivo que Jaime encontraba para la piel de Rosario (además de más blanca que la nieve). Tenía los párpados cerrados. A simple vista parecía que fueran teciopelo y Jaime quería acariciarlos con la llema de sus dedos, y lo hizo. Lentamente abrió sus parpados y Jaime quedó fascinado por sus largas pestañas. Se rascó los ojos y lo miró. Jaime no pudo evitar sonréir.
-Te desperté, lo siento
-Me quedé dormida...¡Aish! y yo que quería estar despierta...Estoy cansada lo siento. Después de un noche movida, lo primero que me viene a la cabeza es dormir, dormir y dormir. Pero bueno ¿Qué haces que no estás en el valcón?- preguntó extrañada colocándose encima de Jaime, como lo hacen los niños chiquitos para que su mamá le cuente un cuento
-Queria verte dormida
-Mentiroso- lo acusó con una sonrisa pícara, típica en Rosario- lo que pasa es que estoy desnuda. Pervertido
-Será eso- dijo observándola- ¿Sabes? Hasta ahora no me había dado cuenta de ese detalle...- dijo mientras Rosario sorvía del cuello de Jaime- ¿Qué haces Rosario?
-Solo....disfruta de la toruta
-Te desperté, lo siento
-Me quedé dormida...¡Aish! y yo que quería estar despierta...Estoy cansada lo siento. Después de un noche movida, lo primero que me viene a la cabeza es dormir, dormir y dormir. Pero bueno ¿Qué haces que no estás en el valcón?- preguntó extrañada colocándose encima de Jaime, como lo hacen los niños chiquitos para que su mamá le cuente un cuento
-Queria verte dormida
-Mentiroso- lo acusó con una sonrisa pícara, típica en Rosario- lo que pasa es que estoy desnuda. Pervertido
-Será eso- dijo observándola- ¿Sabes? Hasta ahora no me había dado cuenta de ese detalle...- dijo mientras Rosario sorvía del cuello de Jaime- ¿Qué haces Rosario?
-Solo....disfruta de la toruta
15/2/10
Caminaba despacio por el parque que se encontraba frente a la cafetería Cappuccino, donde ella siempre tomaba chocolate. Los copos de nieve caían en su nariz y bajaban goteando por esta hasta llegar a sus labios color carmín, porsupuesto; el pelo mojado y la chaqueta de cuero negra adornada con gotitas de agua y copos de nieve. Tenía frío, sí, mucho frío. La única parte calentita de su cuerpo eran sus manos metidas en los bolsillos. Se metió una mano en el bolsillo y sacó un cigarro, el último, y se lo llevó a la comisura de los labios. Después saco un mechero dispuesta a encender el cigarro de su boca...¡Mierda! ¡No ganaba para mecheros y este no funcionaba!
-Expuesta a la nieve nunca se encenderá
Un chico más alto que ella, apuesto y con ojos almendrados le tapaba con un paragüas. Este, le dedicó una sonrisa y añadió
-Te invito a un chocolate- ¡Vingo!- venga, no me mires así. No te voy a comer ¿O eso creo? ¡Eh! he conseguido que te rías. Venga, va, vamos dentro te invito a tomar un chocolate y me cuentas porqué estás sola, con los ojos rojos y el pelo mojado. Sea lo que sea se arreglará con un chocolate pequeña
-Expuesta a la nieve nunca se encenderá
Un chico más alto que ella, apuesto y con ojos almendrados le tapaba con un paragüas. Este, le dedicó una sonrisa y añadió
-Te invito a un chocolate- ¡Vingo!- venga, no me mires así. No te voy a comer ¿O eso creo? ¡Eh! he conseguido que te rías. Venga, va, vamos dentro te invito a tomar un chocolate y me cuentas porqué estás sola, con los ojos rojos y el pelo mojado. Sea lo que sea se arreglará con un chocolate pequeña
18/1/10
Ella come caviar y yo ratas

-¡Corre!
Un par de converses negras y unas botas altas (hasta la rodillas) golpeaban el suelo una y otra vez. El corto, y oscuro, cabello de ella permanecía pegado a su cabeza y a su cara sin ningún movimiento, intacto. Mientras que la melena rojiza y lisa de su acompañante, era ondeada por el viento del callejón. Los pies se movían tan rápido, por ir cuesta abajo, que casi no los veía, aunque tuviera la vista fijada al frente de vez en cuando no podía remediar bajarla hasta sus pies. Ella iba más adelantada, siempre fue más rápida que Rosario. Lo llevaba en la sangre. Mientras Rosario estudiaba (cosa que dejó de hacer cuando la conoció), ella corría para ganarse algo de comer, con solo trece años ya era toda una atleta.
Torcieron a la izquierda y entraron en otro callejón, más estrecho que el anterior. Y, cuando comprobaron que nadie las seguía y estaban lo bastante cansadas como para tirarse al suelo a dormir, pararon y se sentaron apolladas a la pared.
-Lo siento por lo de las medias...
-No te preocupes. Tengo millones como estas- susurró mientras se metía los dedos entre la carrera que llegaba desde su muslo a la rodilla- Pero...no deberías haber hecho eso Daniela
-¡Estoy harta de los policias Rosario!
-Venga ya Daniela, no me vengas con tus mierdas porque esta vez no te hicieron nada de nada. Y vas coges un hierro del suelo y le rompes las ventanas del coche...suerte que estaban comprando que si no.
-Mira ¿A que es bonita?
-¡DANIELA! No me jodas...
-¿Sabes? Mañana es el cumple de mi hermanita...cumple seis añitos, ni más, ni menos. Yo...nunca le puedo comprar nada bonito y vi esto dentro del coche. Es precioso, con un brillante en el medio...si supieras como le gustan las cosas que brillan...
-Estás loca...
Aquella tarde rieron lo que nadie en el mundo se puede reír. Fumaron tres cigarros cada una, como si de ello dependiera la vida. Cantaron hasta que se hicieron el gaznate polvo. Y, cuando la lluvia azotó sus cabelleras juntas regresaron a casa. Rosario a su casa de dos plantas y ella a su mugriento piso. Pero...ya se sabe, los polos opuestos se atraen
Y Rosario y Daniela eran las mejores amigas
7/1/10
Niña mimada
Iba con la camisa (la de él) pero sin pantalones y con los pies fríos. Ella siempre tenía los pies fríos, fríos de caminar descalza por la loza del suelo. Caminaba por el suelo frío del pasillo directa hacía el balcón donde se encontraba Jaime. Siempre hacía lo mismo, siempre el mismo actuar. Mientras ella dormía el dormiría lo mínimo (diez, quince minutos) y después se levantaría del colchón destrozado, sin hacer ruido, y se iría al balcón, para ver la gente pasar de un lado a otro (aunque últimamente no pasara nadie, hacía un frío que pela). Y justo cuando los ojos de ella se acostumbraron a la luz de las farolas de la calle, lo vio allí. Jaime. Sin decir ni una palabra se acercó y se colocó del mismo modo en el que el estaba: brazos cruzados contra la barandilla y culo en pompa. Cada uno conocía demasiado bien al otro para solo conocerse hacía un mes.
‘Ahora me pedirá un cigarro’ – pensó Jaime
‘Ahora me preguntará donde está su Zippo’- pensó ella
-Dame un cigarro, tú
-¿Dónde está mi Zippo?
-¿Me das un cigarro por favor?- Él la miró con cara de pocos amigos pero no la aguantó mucho tiempo, una sonrisa se dibujó en su cara al ver sus pelos pelirrojos despeinados. Le tendió la mano y ella cogió el cigarro. Jaime veía el mismo actuar día tras día, pero no se cansaba de él. Ella cogía el cigarro y lo prendía con un Zippo dorado que sacaba del bolsillo de su camisa. Después se llevaba el cigarro a la boca para aspirar de este. Jaime podía casi notar como disfrutaba de un simple cigarro, como si necesitara la nicotina en cada poro de su piel o como si fuera aire para respirar. Poco a poco el cigarro se fue consumiendo y llegó la última calada. Aspiró fuerte y con elegancia soltó el humo que había en sus pulmones para después arroja lo que quedaba del cigarro por la ventana.
-Bueno...Me voy- dijo cortante y, simplemente, le dedicó una sonrisa
Observó como esta salía del portal abrigada (solo) con una chupa de cuero, que además le quedaba demasiado grande. ‘Menuda niña mimada’ Pensó. Y eso es lo que era, una niña de papá. Todavía no había averiguado por que le atraía tanto. ‘Ah, se me olvidaba. Me pierden las chicas con pecas y labios rojos’
Y es que Rosario le traía de cabeza
a el...y a todos
‘Ahora me pedirá un cigarro’ – pensó Jaime
‘Ahora me preguntará donde está su Zippo’- pensó ella
-Dame un cigarro, tú
-¿Dónde está mi Zippo?
-¿Me das un cigarro por favor?- Él la miró con cara de pocos amigos pero no la aguantó mucho tiempo, una sonrisa se dibujó en su cara al ver sus pelos pelirrojos despeinados. Le tendió la mano y ella cogió el cigarro. Jaime veía el mismo actuar día tras día, pero no se cansaba de él. Ella cogía el cigarro y lo prendía con un Zippo dorado que sacaba del bolsillo de su camisa. Después se llevaba el cigarro a la boca para aspirar de este. Jaime podía casi notar como disfrutaba de un simple cigarro, como si necesitara la nicotina en cada poro de su piel o como si fuera aire para respirar. Poco a poco el cigarro se fue consumiendo y llegó la última calada. Aspiró fuerte y con elegancia soltó el humo que había en sus pulmones para después arroja lo que quedaba del cigarro por la ventana.
-Bueno...Me voy- dijo cortante y, simplemente, le dedicó una sonrisa
Observó como esta salía del portal abrigada (solo) con una chupa de cuero, que además le quedaba demasiado grande. ‘Menuda niña mimada’ Pensó. Y eso es lo que era, una niña de papá. Todavía no había averiguado por que le atraía tanto. ‘Ah, se me olvidaba. Me pierden las chicas con pecas y labios rojos’
Y es que Rosario le traía de cabeza
a el...y a todos
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