X era un chico como otro cualquiera. Cada martes y viernes se ponía su chandal, y los días de semana vestía que daba gusto, dejando su lindo cuello a la vista (sobretodo a la de Daniela). Cada mañana, nada más levantarse, cogía su peine y se peinaba una pequeña cresta rubia. Odiaba las matemáticas, aunque era muy listo. Sí, era muy listo, aunque últimamente estaba un poco desquiciado. Alguien le observaba ¡Qué va! ni que fuera un artista de cine. Él, no quería ser artista de cine, sino cardiólogo, un cardiólogo prestigiado. Como lo era su padre, al que tanto quería. Lo echaba de menos. Mucho de menos. Había heredado muchas cosas suyas, como por ejemplo sus ojos pardos. Tenía una piel blanquecina y cuando hacía ejercicio o frío, los mofletes se ponían rojos rojos.
Es exactamente igual a la persona a la que quiero ahora, mucho....con cosas añadidas de mi cosecha
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19/3/10
24/2/10
Siempre, sin falta, al finalizar una clase, lo veía. No es que el la llamara, no. No es que ella le llamara a él, no. Tampoco el iba a buscarla, nada de eso. Ni que ella le saludara, ni que él le saludara a ella en los pasillos...se asomaba a la ventana y lo veía reírse, andar, beber agua... Alguna vez que otra el le había mirado, pero ella había disimulado muy bien. Sí, Daniela soñaba con el chico ''x'' que no la conocía. Soñaba con tener un futuro juntos. Una casita en Nueva York, y un cardiólogo por marido. Vivirían felices y comerían perdices, además, él le amaría perdidamente. Claro, eso aún él no lo sabía. Pero...estaba allí. Porque la tía de Daniela. Que sí, esa que era adivina...Lo había visto en su bolita de cristal. Y...bueno Daniela pues, se lo había creído
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